Pedro Ángeles Jiménez 





El arte de la pintura tuvo en la Nueva España un desarrollo de grandes proporciones que se integra, junto con el de otras artes, en el proceso de conformación del virreinato más brillante del mundo hispánico.


El gremio, asociación de raigambre medieval, junto con las escuelas de artes y oficios ideadas por los frailes evangelizadores, fueron las instituciones donde la pintura desarrolló artistas de la talla de Simón Pereyns, Andres de Concha o del tlacuilo de Tecamachalco Juan Gersón, entre otros. Hacia fines del siglo XVI, comenzaron a florecer pintores cuya obra se considera de transición, entre los que figuran Juan de Arrúe, Baltasar de Echave Orio o Alonso Vázquez. La obra de estos artistas sentó las bases de una tradición pictórica original, llena de matices entre los que destaca la producción artística de tema religioso, aunque también la hubo de retrato, con temas mitológicos, y aún otra con ciertos toques de costumbrismo y cotidianeidad.

Tuvo para sí don Manuel Toussaint, gran iniciador de los estudios de la pintura novohispana, que durante los tres primeros cuartos del siglo XVII existió en esta porción de las colonias hispanoamericanas, una floración artística que podría enorgullecer a cualquier país: fue para Toussaint, el apogeo de la pintura colonial, en el que importantes artistas ejecutaron su oficio con digna maestría. En prueba de esa postura, quedarían inscritos los nombres de los tres Echave, de la dinastía Juárez, la siempre escurridiza presencia de Alonso Vázquez y la no menos indispensable mención de Sebastián López de Arteaga, por no hablar de la escuela poblana, quien contó con artistas de la talla de un Pedro García Ferrer, un Diego de Borgraf o un Juan Tinoco.

Esa gran floración tuvo un complejo marco histórico, en el que pestes, inundaciones y crisis económicas -para algunos especialistas el siglo XVII fue el siglo de la depresión- dieron forma al discurso de una sociedad compleja, polarizada, donde criollismo, guadalupanismo y barroco subyacen con luminosa presencia en la vida y obra de otros genios novohispanos como Sor Juan Inés de la Cruz, Carlos de Sigüenza y Góngora o Francisco de Florencia.

El siglo XVIII amaneció con la presencia de una nueva dinastía, la borbona, que desde la metrópoli española irradió un nuevo gusto marcado por su afrancesamiento, el cual paulatinamente impulsaría transformaciones por lo ancho y largo del mundo hispanoamericano: desde el modo de vestir hasta el modo de pensar, permitiéndose la conformación de un arte novohispano diferente del que se produjo en las centurias anteriores y en el que la figura de Miguel Cabrera tomará un papel centralísimo

El objetivo de la presente charla, consistirá en esbozar una traza de lo que fue la pintura novohispana durante los siglos coloniales, y establecer algunos de los nexos con la sociedad que la produjo.

Bibliografía



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